Entrevista realizada al letrado Patxi Lobato por Noticias de Gipuzkoa, sobre la conveniencia de otorgar testamento.

Jorge Napal – Domingo, 25 de marzo de 2012. Donostia.

No dejar plasmado por escrito el destino de los bienes de una persona cuando fallece es dejar la puerta abierta a una guerra familiar. Cualquier bufete de abogados es un escenario cotidiano de las miserias humanas que pueden aflorar cuando hay una herencia de por medio y ningún acuerdo. “Hacer el testamento es una recomendable labor de prevención, porque sin él se puede dar pie a situaciones muy injustas”, sostiene el abogado Patxi Lobato, con despacho en Donostia e Irun, testigo, como tantos otros profesionales de esas tensas situaciones en las que el dinero se interpone a los sentimientos.

¿Es justo que un hijo que no se ha preocupado por sus padres en la vida herede en igualdad de condiciones que su hermana, que ha estado quince años cuidando de sus aitas hasta que fallecen? ¿Es justo que una viuda se vea en la calle porque unos hijos sin escrúpulos quieren su parte de la vivienda y están dispuestos a dejarse la piel en ello? ¿Y qué pasa cuando muere uno de los miembros de una pareja -no inscrita como de hecho- que llevaba años conviviendo en un piso en propiedad?

La voluntad de cada uno de ellos es que la mayor participación posible de bienes se los quede el otro cuando uno de ellos falte. Pero no han dejado nada escrito, lo que da pie a lo que se conoce como sucesión intestada, en la que se establece un orden por el cual primero heredan los hijos, los padres y en tercer lugar el cónyuge, lo que “puede dejar a la pareja sin nada”.

Se querían con locura, se decían que cuando uno de los dos faltara, la vivienda la disfrutaría el otro. No tenían ninguna duda al respecto, pero la realidad puede llegar a ser diametralmente opuesta si no hay un testamento. “Son casos que se producen, y la verdad es que dejarse asesorar y prevenir siempre sale mucho más barato que vivir todas esas situaciones”, sostiene el letrado donostiarra.

Miedo a la muerte

Hacer el testamento, se quiera o no, le lleva a uno a plantearse la muerte, algo que tanto temor sigue suscitando, a pesar de la evolución social de los últimos años. Quizá por ello testar se acaba convirtiendo en un objetivo postergado hasta el límite, de tal modo que hay quien muere sin llegar a dejar por escrito el destino de los bienes. Es a partir de ahí cuando se disparan las hostilidades familiares.

Lo más recomendable, dicen los letrados, es formalizar el testamento ante un notario, una operación que oscila entre los 50 y 100 euros. En él deben incluirse todas las cláusulas que sean necesarias para evitar litigios en el futuro. Lobato asegura que “cuanto menos se concrete el documento, más margen se está dejando para el lío familiar”. Sin ir más lejos, la legítima suele ser objeto habitual de controversia. Con este nombre se conoce el porcentaje de los bienes que el testador tiene que dejar a los hijos. Suele dar problemas porque hay padres que, literalmente, odian a sus vástagos y no les quieren dejar ni un céntimo de euro.

De hecho, les encantaría desheredarlos, “pero no lo pueden hace salvo causa de indignidad, como puede ser atentar contra la vida del testador o someterle a abandono”, precisa Lobato. La legítima varía según el derecho foral. Así, en Navarra, por ejemplo, existe una mayor libertad a la hora de establecer esos porcentajes.

Cuando hay pisos

En realidad, que vengan o no los problemas depende principalmente de los bienes. Cuando la herencia es dinero contante y sonante las cosas suelen ser más fáciles. Pero la revuelta estalla cuando hay pisos, fincas, y no hay ningún acuerdo al respecto sobre el reparto.

Un caso muy habitual suele ser el de esos hijos que han heredado un piso, del cual hace uso uno de ellos, hasta que un día el resto pide su parte. “Oye, páganos nuestra proporción”. El tercero dice que no, y acaban los hermanos en el juzgado, donde el piso es subastado, “y además hoy en día con unas consecuencias imprevisibles porque la crisis ha bajado muchísimo los precios”, apostilla el letrado.

Igualmente lacerante es la desprotección en la que puede quedar la viuda cuando no hay un testamento de por medio. Medio piso para ella por bienes gananciales, y la otra mitad para los hijos. Si no se establecen cláusulas para proteger debidamente a la mujer, ese piso puede acabar en una subasta, y verse la viuda en la calle.

Lobato reconoce que son casos en los que “sale lo peor de cada uno. Es algo que ocurre en esas familias con hijos que no han mantenido una relación estrecha. No se han preocupado por sus padres, ven en la herencia un dinero y arrollan con todo lo que haga falta”. Una vez más, lo recomendable es dejarlo todo “bien atado”. Más aún teniendo en cuenta que, habitualmente, la “mala influencia” llega de familiares indirectos.

Las claves

Ocurre cada vez con mayor frecuencia entre personas que llevan negocios y fallecen dejando atrás una economía muy poco saneada. También está pasando con los titulares de esos pisos cuyo valor ha caído en picado en los últimos años, y mueren sin haber acabado de pagar el inmueble. Hasta hace unos años, el piso se revalorizaba más y más, por lo que el inmueble se iba amortizando y la deuda se iba reduciendo con un saldo favorable a los herederos. Ahora las cosas han cambiado. “Si aceptas la herencia sin más, puede resultar que asumas más deudas que bienes. Hay gente que genera deudas que ni siquiera conoce”, desvela el abogado Patxi Lobato, por lo que recomienda una vez más “dejarse asesorar” para delimitar en la medida de lo posible las deudas.

“Hay hijos que nunca se preocupan por sus padres y al ver el dinero de la herencia arrollan con todo”

“Cuanto menos se concrete el documento, más margen se deja para el lío familiar”

Patxi Lobato

Abogado